Pérdida Irreparable

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Ahí yace el cuerpo despedazado. Nadie conoce la hora de su fatal caída, aunque la gente del barrio supone que fue a horas de la madrugada, justo en el momento en que llegó de improviso aquél ventarrón. Decenas de curiosos atestiguan el hecho incrédulos, acongojados, impotentes ante la pérdida. ¿Por qué él? Un pilar de nuestra comunidad. Aquél en el que todos reposaban sus angustias y sus momentos de dicha, como yo, la noche solitaria en que le confié mi amor por Amanda. Cuánta falta vas a hacer. Tú que dabas de comer sin cobrar, que dabas cobijo al que lo necesitaba, sobre todo en esos días en que el calor inclemente azotaba sin piedad. Que pena. Ahora estás ahí tirado, tu cuerpo desmembrado en la acera. Se habrá caído o lo habrán tirado, preguntan estos mirones que nunca te conocieron tan bien como yo. Prefiero pensar que te caíste sólo. A fin de cuentas eras el Almendro más viejo del barrio.

Mi pregunta es: ¿A dónde irán ahora tus raíces?

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