Acerca de Moises Muñiz

Cada día intento bajar del árbol, agarrar el palo con una de las manos, erguirme completamente y sacarle los dientes a la hoja en blanco.

Mayoría de edad 

Una sirena recién nacida del fondo de los mares

Ondea su nuevo vestidito de arena y sol

Como despidiéndose para siempre del azul;

El mar, sabiendo que volverá, 

Le besa los pies, que hace poco repiqueteaban 

Inquietos en  la playa dejando atrás graciosas 

Huellas en forma de aleta acorazonada, 

Y le susurra con el viento en sus oídos.

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La agenda 

Otro año finaliza, con sus afanes, sus triunfos, sus fracasos, párrafos alentadores, reflexiones premonitorias, sorpresas, miedos, frases trilladas como estas, decepciones, amores, aventuras y satisfacciones; y mientras, esta agenda, sucumbe también, desapercibida, al embate digital de los recordatorios de mi IPhone.

Sus páginas vacías lo atestiguan, quizás queriéndome advertir sobre la irrefutable impermanencia de las cosas.

La fotografía (cuento finalista entre 35,000 microrrelatos de 149 países del mundo, en el Concurso de Microrrelatos Museo de la Palabra)

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El niño yacía postrado bajo el sol inclemente. Su pequeña frente en el suelo seco y agrietado, descansando los días de hambre, sed y abandono.

Un buitre se había posado a unos escasos metros y él, haciendo un esfuerzo inaudito, ya sin aliento, mientras intentaba dibujar una sonrisa en sus labios marchitos, levantó levemente la cabecita y le preguntó:

– ¿También tienes hambre? El buitre prefirió no contestar.

–  Pobre pajarito – musitó el niño, antes de fallecer.

 

 

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En el día de ayer, transitando por una de las calles de nuestro país, vi a este ángel, porque no puedo encontrar otro calificativo, que ayudaba a la gente a cruzar la calle, dirigía el tránsito, sonreía constantemente a todos los que pasaban por su lado, ahí, a pleno sol del mediodía, por supuesto, sin recibir nada a cambio. Me detuve un momento, admirando aquel joven heroico, que con todas sus necesidades y condiciones especiales lo daba el todo por el todo en medio del caos que lo rodeaba. No pude hacer menos que parar mi vehículo, desmontarme y entre miradas curiosas, otras de interrogación y hasta de burla, proponerle a ese guardián misterioso hacerle una fotografía. Él accedió sin reparos, hablándome en un idioma que no entendía, y sonriendo todo el tiempo posó tranquilamente para el lente de mi IPhone. Luego de obsequiarlo con algunas papeletas de dinero y darle unas palmadas en su espalda mientras le decía algo como “gente como tú es que necesitamos en este país”, me marché. Esta vez, las miradas eran de reconocimiento. Ya lejos, pensé en que no le pregunté su nombre. Entonces fue cuando decidí dedicarle estas palabras.

Quizás necesitamos de tu humildad para entendernos mejor.

Tu honradez para cumplir con nuestro deber sin hacer daño a nadie.

Tu inocencia para hacer aflorar la verdadera naturaleza humana que tenemos dentro.

Tu estoicismo para soportar las ofensas y la crítica cuando luchamos por nuestros derechos.

Tu tolerancia para soportar el chantaje, la corrupción y la impunidad.

Tu sonrisa franca para reírnos de esos que creen que nos están engañando.

Tu dignidad para recordar que todavía existen hombres y mujeres como tú, honorables, decentes, meritorios.

Tu sinceridad para no mentir.

Tu nobleza para enseñarles a los que la han perdido.

Tu decencia para hacer contrapeso a la inmoralidad.

Tu patriotismo, para que los que creen que no hay país, que se perdió todo, que nos jodimos, crean.

Tu valentía para levantarnos y reclamar lo que nos merecemos, para pelear por nuestros derechos, para denunciar, a pesar de que se rían de nosotros; para no cansarnos.

Tu ejemplo, para que en cada uno de nosotros habite un tú, un héroe anónimo, un guerrero audaz, un ángel guardián, un verdadero dominicano, que con una sonrisa como la tuya pintada en el rostro, así de humilde e inocente, así de sincero y noble, así de estoico, le diga a esos que nos están hundiendo, “prepárate, que ahora viene lo tuyo”.

Pensándolo bien, él sí tiene nombre, él se llama, “Tú”.