Esta mañana encontré uno de tus cabellos enrollado en la punta de mi alma.

Al salir del museo, sintió una indescriptible filiación con aquellas estoicas estatuas de cera.

El hombre consultó con una Gastroenteróloga muy bonita. Según ella, el insoportable malestar se debía a las mariposas en el estómago.

Salió de su trabajo a las 5:30, como lo había hecho los últimos treinta años de su vida. Esa noche soñó otra vez que era una estatua.

Cuando penetré en el barrio, me di cuenta que era uno exlucusivamente de ricos, por el ladrido incesante de los perros.

Él la miró por largo rato mientras dormía desnuda en la cama, y luego concluyó, «en verdad la amo».

Y cuando el forense le abrió el estómago, encontró la mano con el anillo que había perdido en aquel extraño accidente.

Y cuando despertó, la mujer estaba con el pene en sus manos.

El director vociferó «CUT» por enésima vez, fulminando con una mirada a la actriz con el cuchillo en sus manos.

Lo último que leyó en su vida, fue la palabra Mistsubishi en la parte trasera del camión.