Autoanálisis de una metamorfosis

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”.

Su vientre había crecido grotescamente y se desparramaba por el suelo. Al intentar mover una de sus piernas se percató de que no tenía una, sino ocho extremidades. Se sentía absurdo. No podía colegir la realidad de su estado.

Es un castigo, pensó. Karma.

Mientras observaba con náuseas su cuerpo rastrero, cientos de imágenes de una lejana vida pasada, se sucedían confusamente en el minúsculo cerebro de invertebrado que ahora ostentaba.

Luego de algunas horas de angustia, de planteamientos moralistas, filosóficos y religiosos, concluyó con absoluta resignación, que esa era la reencarnación más justa que le había tocado. 

Puntualidad Urbana

Estacionó su auto, se acomodó los harapos, se jorobó lo más que pudo, puso cara de tragedia y necesidad acuciante, y comenzó a trabajar.

Fábula

I

De un mundo donde los hombres son perseguidos por las mujeres. En este mundo los hombres viven aterrorizados por las mujeres que los rastrean, los acosan, los violan y se alimentan de ellos.

II

Todo comenzó una noche cuando del pene erecto de un hombre salió chocolate a borbotones.

III

El sexo femenino se adueña del mundo y nuevas guerras se llevan a cabo por el dominio de los hombres.

IV

Ningún hombre, excepto los que no habían llegado a la pubertad, se salva del poder succionador de las hembras depredadoras, que casi siempre se valen del señuelo del amor para atraparlos en sus voraces fauces, ávidas del esperma dulce y oscuro.

V

Las mujeres comienzan a cosechar a los hombres. Los experimentos en los niños para acelerar su crecimiento termina diezmando en su totalidad a la población infantil.

VI

El hombre comienza a escasearse y los conflictos entre las mandatarias de los diferentes países se agravan. El mundo está al borde de una catástrofe nuclear.

VII

El hombre desaparece de la faz de la tierra y la mujer muere de hambre.

VIII

El calentamiento global disminuye drásticamente y se restablece el orden ecológico del mundo.


El atleta

Iba corriendo con una sola pierna por la avenida Duarte mientras los automovilistas y los transeúntes lo miraban perplejos. Además de su ropa deportiva, desgastada por los años de uso, una gran bandera tricolor envolvía su cuerpo cual manto de Turín. El bravo sol de verano lo hacía ver como un espejismo, como si su piel tostada fuera de gas, etérea, y su huella cíclope se materializara por sí sola a lo largo de la gran estepa negra de asfalto. Su solitaria pierna, revestida de puro músculos, lo impulsaba verticalmente como un flamenco saltarín, sin prisa, pero con determinación. Sus ojos fijos en un punto perdido en el horizonte candente.

Al verlo desde mi vehículo sentí admiración e incluso envidia.

Es increíble que los que tenemos dos piernas no nos atrevamos a dar un sólo paso al frente por nuestra bandera. ¡Qué vergüenza! pensé.

Esa mañana, luego de pasar revista a todas las flores de su jardín, advirtió que la única flor que se había marchitado era su mujer.

El hombre tomó un pétalo en sus manos para golpear a la mujer, pero se marchitó

Esta mañana encontré uno de tus cabellos enrollado en la punta de mi alma.

Al salir del museo, sintió una indescriptible filiación con aquellas estoicas estatuas de cera.

El hombre consultó con una Gastroenteróloga muy bonita. Según ella, el insoportable malestar se debía a las mariposas en el estómago.

Salió de su trabajo a las 5:30, como lo había hecho los últimos treinta años de su vida. Esa noche soñó otra vez que era una estatua.